Por Cristian Molina

BARock 2017. Una radiografia del rock nacional

octubre 17, 2017  |  Sin Comentarios

Que no se haya podido reunir a ninguna banda pionera, que el cierre de la primera jornada esté a cargo de una banda uruguaya, que los chicos no registren a los veteranos, escasa concurrencia comparada con otros festivales, las idas y venidas de algunos artistas, solo son registro del pasado y presente del viejo y querido rock nacional.

Más allá del negocio, que no pareciera marchar bien, BARock es un evento celebratorio. Se cumplen 50 años del nacimiento del rock nacional y nada mejor que revivir uno de los festivales señeros del movimiento. Aquel que a comienzos de los 70 y 80 consagrara nuevas figuras y marcara nuevos caminos.

Si es por nuevos exponentes, el nivel es alto, pero se trata de bandas con rodaje pese a que el público masivo no las conozca tanto. 

Fernando Ruiz Díaz, de Catupecu Machu, despotricó contra anunciantes y músicos extranjeros: “es fácil producir a Depeche Mode o a U2, que viene a chorear (sic) si te bancan sponsors que al rock argentino nunca apoyan”

Ya de entrada, el festival se barajaba todos los días. Una semana antes, la organización decidió bajar de la grilla a Iorio por presión de ONGS luego de que el músico se sacara una foto junto a un político neonazi. Horcas y Tano Marziello decidieron bajarse en solidaridad con Iorio.

Salta la banca anunció también su renuncia, tal vez por los problemas judiciales que aquejan a su líder. Héctor Starc se bajó por incumplimiento de contrato y los nombres de Turf y Los Twist dieron vueltas hasta último momento. Raúl Porchetto y León Gieco se bajaron y solo Pericos se sumó a la grilla.

¿Qué quedó entonces?  Muchísimo

En tres escenarios denominados La balsa, Artaud y Signos, fueron desfilando ilustres y desconocidos.

Pese a la escasa cantidad de público de las primeras horas, Kennek, Cruzas, Nidos, La Mono y, aún con su accidentado set, Buenas noches Egipto, dieron buenos shows. Párrafo aparte para Vetamadre, banda injustamente postergada del mainstream.

Luceros y Sick Porky chapearon con su kilometraje y La Condena de Cain y Nagual se animan a asomar la cabeza.

Entre los clásicos, fue emocionante escuchar las viejas canciones de Almendra y Aquelarre en la voz intacta de Emilio Del Güercio.

Pero definitivamente,  Celeste Carballo es a la que más rock and roll le queda en el tanque.

Alejandro Medina y Ricardo Soulé brindaron sets correctos sin abusar de la historia. Y la juntada de Pez con Litto Nebbia generó versiones maravillosas de viejos hits de Los Gatos, como El rey lloró o Mujer de carbón, con otras no tan cuidadas como La balsa.

En el espacio cerrado, Los Gardelitos cerraron con una cuidada puesta escenográfica y un arranque que incluyó un set de cuerdas y bailarines.

Catupecu Machu fue uno de los puntos fuertes, y  además dio la agradable sorpresa de invitar a Lisandro Aristimuño.

Siempre locuaz,  Fernando Ruiz Díaz dijo que no le gusta lo que viene pasando en el rock nacional en los últimos quince años.

El show de Las Pelotas fue del nivel que acostumbran y para el cierre, La Vela Puerca ratificó su excelente momento con un set ajustado y coreado por la multitud de principio a fin.

Multitud que nunca llegó a las diez mil personas. Pero que estuvo caracterizada por la composición de padres e hijos.

La segunda jornada fue la mas castigada por las ausencias y la de menor concurrencia.

Para destacar los sets de Claudia Puyo y Fabi Cantilo. Pero la fiesta estuvo a cargo de Los Pericos, que entraron por la ventana y se hicieron cargo del festival.

Los Tipitos también, a puro hit, mantuvieron alto el piso mientras del otro lado El Bordo y Guasones brindaron shows ajustadísimos.

Viticus y Williy Quiroga aportaron una mezcla de nostalgia y vigencia, como un preludio de un buen cierre de Massacre en el escenario cerrado.

Afuera, Boom Boom Kid desarrollaba un frenético set que terminaría en el tibio espacio de Babasónicos, von su último trabajo de notable factura estilística pero poco adecuado para este festival.

El lunes fue el día prometido. En un casi veraniego octubre, la concurrencia fue masiva y el nivel difícilmente bajó de muy bueno.

En ese marco, lo de Utopians con Lula Bertoldi como invitada fue de lo mejor.

Pero La Mississippi, Cielo Razzo y Dancing Mood estuvieron a la altura de lo que se espera de ellos.

Eruca Sativa y Carajo cerraron el espacio cubierto a pura potencia, mientras David Lebón los elogiaba en el.principal y brindaba, con canciones e imágenes de toda su carrera, uno de los momentos mas emotivos del festival.

Fito Páez es un bicho festivalero. Si no cierra, deja la masa a punto caramelo y esta vez no fue la excepción. Agitó, emocionó y hasta presentó tema nuevo.

La Bersuit demostró una vez más que no extraña a Cordera y Las Pastillas se hicieron cargo del cierre final con eficiencia y convocatoria.

La idea es buena, la propuesta es atractiva, quizás faltó ese apoyo económico que permitiera  mayor difusión y promoción.

El rock nacional es considerado por muchos, la tercera escuela mundial. Muchos artistas lloraron por la desventaja ante la invasión masiva de artistas extranjeros y preocupados por el nivel del rock actual.

Dos viejos zorros como Lebón y Fito fueron mas sabios. Destacaron el pasado pero apostando al futuro.

El festival mostró eso. Un acervo riquísimo, un presente complicado, pero una luz de esperanza en el futuro. Será tarea de todos, descubrir cómo se sale del atolladero.

Se puede apostar de lleno a las nuevas plataformas y seducir a fuerza de hechos a los grandes anunciantes.No vale quedarse en el lamento. Es de guapos apechugar en las bravas y sacar a relucir el talento y el orgullo por un movimiento que salió a flote a pesar de dictaduras, crisis extremas, tragedias y otras corrientes invasoras.

Por lo visto en el desfile de artistas y momentos especiales, este ha sido otro festival para el recuerdo.

Esta vez no hubo cámaras que registraran lo acontecido para una película. 

No hubo canales abiertos ni radios masivas cubriendo el evento. 

Ya no hay revistas especializadas. 

Pero si hay medios digitales, redes sociales y miles de jóvenes que le contarán a sus hijos que ellos también estuvieron en un BARock.

También quedarán estas líneas para contarle a los rockeritos dentro de otros cincuenta años, como se hizo grande el rock nacional.


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