Por Kevin Ganora

Osvaldo Bayer visitó Mendoza con la Obra “EXILIO”

mayo 26, 2013  |  Sin Comentarios

Anarquista y pacifista. Historiador, periodista y escritor. Perseguido por sus ideas, desterrado y exiliado del año 76 al 83.

Esas son las características que definen a Osvaldo Bayer como figura pública, e icono de la escritura Argentina, infatigable luchador por la justicia, la libertad y los derechos de los hombres.

Ayer por la noche tuve la suerte de darle la mano. Yo no sabía a ciencia cierta quién era Bayer cuando me invitaron a ver este espectáculo. Pero su nombre me sonaba de algún lado, haciendo que mi curiosidad aceptara la propuesta. Me dijeron que iba a estar en la UNCuyo a partir de las 18, y luego a las 21 se trasladaría al Teatro Universidad, para poner en escena “Exilio”, el espectáculo que mezcla la poesía, las anécdotas e historias de Osvaldo Bayer con la interpretación melancólica y nostálgica –típica del tango – del saxofonista y pianista Blas Rivera, y el bandoneonista Damián Torres.

Como es típico de todo acto universitario, se formo una mesa con las autoridades de la mayor casa de estudios mendocina. En este contexto, presentaron al escritor como “ícono de la Argentina.

Se destaca por su coherencia, que es valorada por los jóvenes y agradecido por todos por su amor hacia el país y Latinoamérica”. Un Teatro Universidad lleno, lo recibió de pie y con marcados aplausos.

“Esto es algo increíble, nunca soñado”, exclamo cuando le dieron la palabra al escritor de obras como La Patagonia Rebelde o Rebeldía y esperanza. “Es una tristeza, por los amigos que no pueden ver esto. Como Rodolfo Walsh, el querido buscador de la verdad en todos sus escritor”.

Y cerro su breve discurso de presentación con la frase: “me pone muy contento estar acá, es como tocar el cielo con las manos”.

Paso siguiente, el detalle: en el algarrobal existe un Cens bajo el nombre “Osvaldo Bayer”.

Alumnos y directivos del mismo le entregaron un reconocimiento a su padrino. La nota que él escribió cuando se fundó la institución, enmarcada y bien bonita.

Y por fin dio comienzo. Lo que todos estaban esperando. La mezcla de palabras y música a través del exilio. Luz tenue, entra el saxofón, melancólico, casi como apagado. Acto seguido, el maestro Bayer camina lento pero paciente, casi como que llegaría nunca, hacia el centro del escenario con su valija, la que lo acompaño al exilio. La abre para comenzar a vaciarla. En su cara ya se puede notar la nostalgia. Empiezan las varias exaltaciones al recuerdo de los exiliados:

• El libro Operación Masacre de Rodolfo Walsh.

• Un pañuelo de una de las Madres de Plaza de Mayo.

• La wipala, o bandera de los pueblos precolombinos u originarios(Bayer es un acérrimo defensor de estas comunidades)

• La camiseta de San Lorenzo, que le regalo su amigo Osvaldo Soriano

Así se iban intercambio el papel principal los objetos con sus respectivas historias contadas por Bayer, y la música que hacía las veces de portal hacia tierras lejanas, donde los cuerpos de los hombres estaban asentados en una región, pero su mente volaba a otra, a su patria, su hogar.

Blas Medina, uno de los músicos, también tenía historias del exilio para contar, pasando por la de los instrumentos (saxo y bandoneón fueron creados en una dos regiones diferentes, pero luego alcanzaron mayor auge en otras partes del mundo) y rematando con la de su propia vida y sus días vividos en otros países.

Y así, entre composiciones fríamente calculadas para, justamente, enmarcar la frialdad de vivir en exilio y los recuerdos que eso trae aparejado, se fue desarrollando este trascendental espectáculo, que mezclaba en la lista de sus condimentos personajes históricos genocidas (Roca, Rivadavia, Videla), con excelsos artistas como Cortázar y Gelman.

Al final de todo, cuando la gente empezó a vaciar el teatro, tuve el placer de darle la mano a Osvaldo Bayer, comentarle que hacia algunas horas atrás no lo conocía, y que por haber presenciado esta obra, se genero en mí un deseo muy fuerte de leer sus escritos. El me agradeció mirándome a los ojos, como si fuera un niño, al que le regalan un caramelo sin tener que hacer nada a cambio. Un niño de 86 años.