Por Noticias Manzana Latente

“MENTIRA LA VERDAD”: Filosofía para Jóvenes

octubre 24, 2012  |  Sin Comentarios

Luego de la conferencia que brindara sobre la relación entre lo humano y lo tecnológico, se reunió con un grupo de estudiantes y profesores, así como con otros interesados en la filosofía, para conversar sobre el lugar de la filosofía hoy. Aquí una entrevista en el marco de estas actividades. Darío Sztajnszrajber es docente de la UBA y de FLACSO, coguionista y conductor del programa “Mentira la verdad” (Canal Encuentro – Mulata Films), que obtuvo el premio Japan Prize 2011, en la categoría juvenil, un premio que nunca antes había sido entregado a la televisión argentina.

¿A qué se debe la mayor presencia de la filosofía en los medios de comunicación en la actualidad? 

Creo que hay una moda de la filosofía. No porque esté bien o mal que esté de moda, sino como una forma de analizar lo que está sucediendo. Las modas van instalando discursos diferentes a los que los medios o la escuela, incluso la política, van apostando. En este caso, ha habido evidentemente un agotamiento de cierto discurso cientificista, que impregnó los años `90. Un discurso más tecnocrático, más productivista. Y no sólo en el mundo de los medios o de la política, sino sobre todo en el mundo de la empresa, hay una apertura importante hacia un pensamiento más lateral, hacia la creatividad, hacia relaciones vinculares diferentes con el otro, que lejos de ser una apertura revolucionaria -muy lejos de ser eso-, sin embargo marcan como un aire de época. Entonces, por más antifilosófico que parezca lo que estoy diciendo, hay como una sensación de realización en gente que históricamente no estaba ligada con la filosofía, al poder conectar con la pregunta, con otras perspectivas diferentes a lo posible, etc.

¿Qué diagnóstico de época hacés en relación a esto que vos llamás una “moda”, de gente que no está vinculada directamente a la filosofía? ¿Por qué es que hay un interés por la filosofía?

Lo que pasa que es suponer, a la inversa, que la filosofía institucional acaparó o monopolizó el interés filosófico de lo humano. Si lo planteamos así es como sostener que a muy pocos seres humanos a los que se les ha despertado un interés filosófico y entonces, encontrado la posibilidad de canalizar ese interés en la academia o en la institución. Y yo creo todo lo contrario. Creo que la filosofía como saber originario es un saber que nos atraviesa a los seres humanos en nuestra condición. No es extraño que haya un interés popular por la filosofía, lo extraño es que no lo haya habido. Ni bien la filosofía encuentra canales de difusión masiva, te das cuenta que los seres humanos poseen capacidad de asombro, deseo de preguntarse si hay algo más. Todos tienen preguntas existenciales, inclusive aquel que decide no hacérselas, esa posibilidad existe. Algo estructura ontológicamente lo humano, entonces el signo de época es que se recupere el sentido originario de la filosofía.

¿Por eso entonces la filosofía a la televisión? ¿Por eso “Mentira la verdad”?

La filosofía a la televisión porque Canal Encuentro es un canal del Ministerio de Educación que decide impulsar una política de acercamiento del saber a la gente a través de un medio como la televisión, que hoy se ha constituido casi en un constructor de la esfera pública. Entonces, no sólo la filosofía a la televisión, también la historia, la biología, la física, o sea, no hay una particularidad. Lo que sí sucedió es que, o bien por la filosofía o bien por el formato que inventamos, el programa tuvo un éxito inusitado.

En relación con el formato, el programa conjuga distintas velocidades y lenguajes (imágenes, dramatización, la intervención que hacés a la cámara), que requiere del público una interpretación múltiple. ¿Hay una relación entre  ese formato y el ejercicio de la filosofía?

Por un lado, este formato “fragmentario” tiene que ver con la manera en que hacemos filosofía los que hacemos el programa, que no es la única manera. Está claro que voy en ese espacio que se abre entre la hermenéutica (Gadamer-Vattimo) y la deconstrucción (Derrida), y desde esa óptica voy trabajando los temas. Entonces ya de por sí el pensamiento deconstructivista es un pensamiento de la fragmentación: la interrupción de la linealidad. Pero hay otra concordancia que se da en la búsqueda de una pedagogía. Porque creemos que esta especie de multiplicidad a la que propendemos impacta de otra manera en la atención y la concentración del público al que más apuntamos, que es el público joven. Estos múltiples formatos que convergen en uno, lo que hacen es ir llevando a cierto público, más habituado al video clip o a formatos televisivos más rápidos, poder encontrar una manera de montar sobre ellos conceptos filosóficos. Nadie podría ver el programa con un cuadernito y tomar nota, no es la intención. La intención es, como dice el subtítulo, “pegar martillazos”.

Esa es la diferencia con el ciclo de (José Pablo) Feinmann (“Filosofía aquí y ahora”), por ejemplo, que es más una clase en sentido convencional con algunos elementos visuales.

Esto no, esto es un programa de televisión con contenido filosófico que lo que busca es plantear un zamarreo, un desacomodamiento de ciertos valores instituidos. Y digo algo en contra de mí mismo: es más un programa de televisión con contenido filosófico que filosofía hecha televisión.

En tu visita a Mendoza, has participado como conferencista del Congreso del Programa Conectar Igualdad. Uno de los problemas que se les presenta a los docentes es la brecha entre los chicos -que ya son nativos digitales-, y ellos mismos que tienen que incorporar nuevos lenguajes tecnológicos. 

Ya de por sí hay una brecha generacional entre una manera de entender la educación y la juventud de este nuevo milenio, que está pautada por otros intereses, o sea que no es sólo la brecha tecnológica. Hay un conflicto en relación a la dispersión, a la capacidad fragmentaria que tiene un joven de estar en cuatro lugares a la vez. Evidentemente es otra la relación o el despliegue conceptual, de atención, que se da en cada uno de esos cuatro lugares, pero se ganan cosas que no se ganan si uno está en un solo lugar, y también se pierden. No es que sea mejor o peor, sino que tiene que ver con una nueva realidad espacio-temporal, y obligar a un chico a estar en un sólo lugar, es negarle la posibilidad de su  desarrollo educativo. El gran problema de la educación, que es el de siempre, es que, en el mundo moderno, las nuevas generaciones vienen atravesadas por la novedad de la época. La irrupción de la novedad siempre genera una resistencia. Lo humano siempre se debate entre un aspecto más conservador y otro más innovador. Y en la Modernidad -donde la innovación se convierte en una norma-, se vuelve realmente difícil para ese otro aspecto más conservador poder lidiar con ello. Pero la escuela, en tanto institución pública, es el lugar en el que en algún sentido el Estado tiene que poder tener la capacidad de construir ciudadanos libres, y la ciudadanía tiene que ver con este tipo de resistencia a la normalización. Creo que hoy en día las políticas educativas del Ministerio actual, caso como Canal Encuentro, tienden a eso. Canal Encuentro es una apuesta clara, que pone más el acento en la novedad de los chicos que en las instituciones docentes antiguas. Es una apuesta: se puede llevar el saber por otro lado.

Entrevista realizada por: 

  • • Gonzalo Scivoletto  

Becario de CONICET. Doctorando en Filosofía en la Universidad Nacional de Lanús. Profesor titular de Corrientes del Pensamiento Contemporáneo, en la Universidad Juan Agustín Maza.

  • • Silvana Vignale 

Becaria de CONICET. Doctoranda en Filosofía en la Universidad Nacional de Lanús. Profesora titular de Filosofía, en la Universidad del Aconcagua.