La previa a un recital es un momento ocioso, de mucha ansiedad para quienes son fanáticos del que subirá al escenario, en el cual charlas con gente, haces un inventario de la cantidad de peinados diferentes y cual es la tendencia de moda, miras el reloj, mandas mensajitos de texto, etc. El Auditorio Ángel Bustelo es un lugar coqueto, alfombrado, con sillas muy cómodas que invitan al relajo. El show está programado para las 22 y ya lleva 20 minutos de retraso, empezas a impacientarte, a aplaudir, mirás el reloj reiteradas veces y de repente, como una piña que no te esperás explota todo.
Delante tuyo hay una oscuridad que se rompe por un batallón de luciérnagas que inundan el escenario, la voz de Alberto Olmedo apenas te da tiempo para prepararte a la inyección eléctrica de la melodía luminosa que reza “cercaaaa Rosario siempre estuvo cercaaa” y en ese momento ya estás a 20 metros de tu asiento y nadie respeta el lugar por el que pagó la entrada. Este punto merece una crítica ya que la gente que abonó entradas más caras por estar más cerca se siente incomodada por la avalancha que llega desde atrás.
“La ley de la vida” pone algo de mesura al estruendoso comienzo y ahi nomás “Giros” ratifica que será una gran noche. Sigue “11 y 6″, “Gente sin Swing”, “Llueve sobre mojado”, la desconce con “El chico de la Tapa” con el cual Fito tira unos pasos al mejor estilo booguie booguie y acto seguido invita a las chicas a bailar “Dos días en la vida”. Fito Páez se muestra exultante, se nota que está disfrutando mucho el show, baila, arenga al público, recorre el escenario y orquesta a sus soldados con los clásicos gestos que ajustan el desempeño de la banda.
Los secuaces de Páez son Dizzy Espeche en guitarra, Carlos Vandera, guitarra acústica; Gaston Baremberg, batería; Coki Debernardis, guitarra, y Eloy Quintana, bajo. Una formación de lujo por la contundencia y la trayectoria de estos músicos
“¿Tocamos el piano un rato?” Es la pregunta retórica con la que se sienta frente al psicodélico Clavinet D6 y empieza a tocar la intro de “Peperina” anunciando así el tributo de la noche para Charly García. Engancha con “Ojos de Video Tape” momento en el que a muchos se les aflojaron las rodillas (incluida esta cronista) y al toque aparece “Alicia en el País”, un intermezzo con “Tus regalos deberían de llegar” “Cable a tierra”, “Calaveras de la nada” y la infaltable “Un vestido y un amor” que descorchó completa.
Vuelve la banda con “El Diablo de tu Corazón”, le sigue los pasos ” Al lado del camino” en la cual se refiere al conflicto que tuvo en Buenos Aires por una texto que escribió para Página 12 en donde dice que le dan asco los porteños, a raíz del triunfo de Macri en esa ciudad. “En tribunales se hacen pis encima como chicos” canta en “Al Lado del Camino” pero a la gente lo que menos le interesa es la opinión ideológica de Páez. La sala está que explota.
“Ciudad de Pobres Corazones” es el momento más intenso de la noche, Dizzy Espeche destroza su guitarra en un solo furioso y el público llega al climax. Se va del escenario, la gente empieza a pedir los bises y finalmente regresa ataviado con remera roja, saco amarillo y lentes al tono para despedirse como Dios manda. “Dar es Dar” y “Mariposa Technicolor” parecen poner el cierre pero Fito rompe el guión y hace sonar “Es sólo una cuestión de actitud” con los trapos de la gente revoleandose al viento. “Buena leche, buena vida y que las cosas se arreglen de una buena vez, joder!”
Calor y corazones pipones es el saldo de la noche. Como dijo el rosario, nos vemos en el disco que viene.
Por: Florencia Silva
















Gracias Flor por esta crónica…hizo que por un rato estuviera ahí y no puteara a mis fuckin’ anginas!!!!