Por Florencia Silva

Segunda parada del viaje interminable

septiembre 16, 2011  |  Sin Comentarios

Disculpame.- Me interpela una muchacha que acaba de sentarse a mi lado, con un guiño de amabilidad. Me doy vuelta para mirarla, sabiendo que a continuación deberé responder una pregunta.- ¿Tenés hora? Es que se me quedó sin batería el celular y viste que ahora la gente ya ni usa reloj.- Habla ella, sonriendo con leve timidez, como sintiéndose culpable o incómoda por preguntarme la hora y por no haber tenido su celular encendido para obtener ese dato. Porta una musculosa blanca con la tapa de uno de los discos de The Raincoats estampada un poco torcida, un short de jean deshilachado, sandalias del mismo verde de su mochila que parece un caramelo de menta Sugus enorme y unos lentes oscuros redondos al estilo John Lennon.

Lasss…dos menos cuarto.- Le respondo con una mueca que casi se parece a una sonrisa, después de chequear mi nuevo reloj de muñeca, que me compré por el mismo problema que tiene mi interlocutora. Ella lo mira con curiosidad, supongo que mi aspecto no condice con un reloj con forma de guitarra eléctrica, fucsia, de Barbie. Antojo, eso se llama antojo. Kitsch, eso se llama kitsch. Después de la respuesta se hace un silencio un poco incómodo, o por lo menos yo lo siento así porque el lenguaje corporal de la otra muchacha parece decirme que quiere entablar una conversación pero no sabe por dónde comenzarla. Faltan quince minutos para que llegue el colectivo y lo único que tengo para leer es un diario de distribución gratuita que desinforma más de lo que informa. Ah, sí, mala noticia: ya hice las palabras cruzadas de la penúltima página y leí el truchoróscopo del día, que me depara lo mismo que le depararía a cualquier mortal nacido en cualquier mes del año.
Hace calor, demasiado para un 15 de Septiembre, pero no me sorprende que el verano se le adelante a la primavera un nuevo año. Maldigo mi decisión de haberme puesto una camisa de mangas largas y ninguna musculosa o remera de mangas cortas abajo como para eliminar la primera capa. También mis piernas están detestando el cambio climático bajo el pantalón largo de jean, grueso jean. Suspiro y me abanico con el diario (¡por fin sirve para algo que no sea generar paranoia!) mientras la muchacha de al lado revuelve su mochila buscando algo. Me pregunto qué será. Unos segundos después la inquietud será eliminada por una imagen que la reemplazará por una nostalgia del tamaño de la imaginación que tenía cuando jugaba con eso que la chica acaba de sacar de la mochila: un videojuego de esos “9999 en 1”. ¿Te acordás? Sí, de esos que en realidad traían quince juegos en 667 versiones y que se te llenaban de arena en unas afortunadas vacaciones en el mar, o se le insolaban en otros paisajes, o de alguna forma se rompían al primer mes de uso y abuso y terminabas contando más de 10 en tu haber de toda la infancia.
Me quedo mirando cómo juega, disimuladamente, de reojo, mientras una vocecita viciosa ansía salir y finalmente lo hace, más aguda de lo que me hubiera gustado que lo hiciera, para pedirle un ratito el aparatillo cuando la dueña pierde el aceleradísimo Tetris. La chica sonríe y me lo pasa para que empiece el último nivel del mismo juego, después de secarle la transpiración de sus manos con un pañuelo de papel que saca de un bolsillo del enorme caramelo.
¡Te atacaron los recuerdos a vos también cuando lo viste, lo sé!- Expresa ella, riéndose después. Yo también me río y asiento con la cabeza al tiempo que me las rebusco para no perder en el primer minuto.- ¿Sabés qué? En las casas de electrónica de los persas venden family games, pero como yo no tengo mucha plata me puse a buscar los juegos de cartucho en Internet y encontré casi todos los que tenía. ¿Querés que te pase la dirección así los buscás vos también?- Me pregunta, dándome dos buenas noticias en una sola oración. Debe tener muy buena memoria para recordar un link y poder anotarlo en un papel, como puedo divisar de reojo luego de acceder a que me pase el dato. Esa mínima distracción más los años de falta de práctica hace que pierda instantáneamente, lo que me permite ver bien lo que está anotando la chica. http://www.1980-games.com/us/old-games/nintendo/nintendo-games.php reza la escritura, que copia pausadamente mi interlocutora después de consultar su agenda, que está agarrotada de dibujos bastante abstractos y anotaciones que no tienen sentido para mí.
Me siento en deuda y ya llega el colectivo que imagino separará caminos. Siento la necesidad de escribir en su agenda un enlace que le sea útil o por lo menos recreativo. Pensá, Fonse, pensá ¿Qué le puede servir a una persona que no conocés? ¿Cómo saberlo? En sus anotaciones logré percibir algunos artículos que se pueden relacionar a alguien que se dedica al arte: “ganchos, tanza, látex blanco, tinta china”, son algunas de las palabras distribuidas en una lista de mercadería de supermercado. Un orden un poco desordenado, pero quizás funcional. Ya está en plataforma el colectivo que me llevará a Buenos Aires y mi memoria no me está ayudando a hacer un intercambio justo de información con la chica que volvió a sumergirse en el Tetris después de mi agradecimiento. ¡Plop! ¡Ahí llegó la idea! Busco un papel donde anotarla dentro de mi bolso de mano, entre tanta porquería pequeña y fundamental para la vida de una nosequésoy. Mmmmaldita lapicera, siempre tan hábil para esconderse debajo del objeto más pesado y enganchado de todos los del bolso. ¡Ahí estás! Bien, anotar rápido, Fonseca, que se te va el bondi y no es para nada bonito cuando el precio del pasaje a la capital del cemento está tan estratosférico. Bien, anoto: http://thisiscolossal.com/, imagino que entre tantas imágenes con sus correspondientes links algo útil va a sacar de esa web. Aparte, se actualiza todos los días, con que le dé una miradita todos los días por lo menos se le va a ejercitar el ojo.
Capaz que esta página te interesa.- Le digo, entregándole el papel cuando vuelve a perder y apaga el juego.- Es de arte y diseño, chusmeé un poquito la hoja de tu agenda y vi que estás un poco en eso, ¿no?
Sí, un poco, estoy empezando, recién.- Me responde, encogiéndose de hombros y hablando con humildad.- ¿Y qué onda esta página, qué tiene?
Mirá, tiene muchas imágenes y videos de artistas y diseñadores de toda índole, también te da un poco de información de cada uno y te figuran los links de sus webs o de sus perfiles en algunas redes sociales o álbumes online.- Le comento un poco apresuradamente, parándome del asiento y tomando estirando la manija de la valija rodada.- Por día publican varias cosas, así que tenés para ver muchas cosas. Eso sí, vas a entender mejor si manejás el inglés, pero si no lo manejás no importa, porque igual ejercitás el ojo. Ahora me tengo que ir, che, un gusto intercambiar data.- Finalizo sin perder la cortesía en el apuro. Después camino a grandes pasos hacia el colectivo, cargo la valija y subo al asiento 33, el que me pido siempre, no sé por qué. Tampoco sé cómo reaccionar al hecho de cruzar palabras con gente sin preguntarle jamás el nombre.
No pasa demasiado tiempo hasta que consigo conciliar el sueño a pesar de los llantos de un bebé que está en el asiento de adelante con sus padres que ya no saben qué hacer para callarlo, la música de colectivo de larga distancia con la mala suerte de que justo hoy tocaba el DVD de recitales latinos románticos y mi compañero de asiento que se dedica a hablar a los cuatro vientos por teléfono con vaya a saber uno quién. Igualmente, antes de pegar ojo, logro sacar algo útil de sus palabras y carcajadas. El tipo está hablando de una página web que descubrió gracias a querer aprender a usar Photoshop para trucarse la cara a fin de caricaturizarse y caricaturizar a sus amigos. Resulta que de cybersalto en cybersalto llegó a una web que muestra casos de uso excesivo y horroroso del software. Parece que el dueño de la misma tiene un humor muy ácido y acompaña cada “crimen” de Photoshop de epígrafes que te hacen desternillar de risa. Si mal no entendí, la página se llama http://www.psdisasters.com/ y previene a gente adicta al software mencionado de no cometer semejantes errores o llegar a abusar tanto de algunas herramientas que el programa provee. “Mesura, hermano, no podés irte de mambo con retocarle las ojeras a tu vieja porque va a parecer un alien, y no digo ET porque estaba todo arrugado, y a tu vieja yo quiero seguir dándole”, ríe el sujeto que tengo al lado, tirando la cabeza hacia atrás y reclinando el asiento, disponiéndose a seguir el camino de la somnolencia.
El viaje se pasa rápido gracias a que ni siquiera recuerdo haber soñado, sólo tengo consciencia de que mis ojos están abiertos mirando la terminal de retiro con el cielo encapotado. Está fresco y ahora agradezco haberme puesto esa camisa de mangas largas. Aprovecho y me calzo el gorrito de lana más ridículo y simpático de este mundo y quizás de otros al tiempo que espero mi valija. Voy preparando también mi ridículo y simpático paraguas porque el aire huele a amenaza inminente de chaparrón (y me acaba de salir una patita de gallo por esa palabra, aunque una patita muy orgullosa de su terminología metereológica).
No pasa mucho tiempo hasta que me compro alguna revista que se consigue sólo en Buenos Aires y la veo superficialmente mientras recorro las majestuosamente violentas avenidas y los edificios que bajo esas nubes parecen querer devorar todo lo que yace abajo. Sigo prestándole atención a datos aislados y cybernéticos, creo que he criado una costumbre, no sé si buena o mala, juro solemnemente usarla para bien y de así no hacerlo ningún dios y ninguna patria podrán demandármelo. Algo que me llama la atención es el dato de que una de las páginas que solían dejarme pasmada con tanta información sobre tantísimos temas interesantes, ha caducado de alguna manera. ¡NOOOO! Calma, igualmente se puede acceder, reza la columna de David Hemsworth, sólo hay que escribir la siguiente dirección: http://web.archive.org/web/20091221095910/http://caosmosis.acracia.net/ y listo. No se actualizará hasta que se resuelva el problema, pero con la cantidad de textos con los que ya contaba, no hace falta una actualización por un buen tiempo.
Llego al departamento de mi tía, que me cedió su hogar por una semana en la que estará en no-recuerdo-dónde a cambio de que se la cuidara, como así también alimentara a su gato y a su tortuga. Pues bien, no tengo nada que hacer hasta la siesta una vez cumplidas esas tareas y el clima me inspira a quedarme adentro, navegando por páginas tétricas como el día, un poco nostálgica de cuando era una nerd de todas esas cuestiones de fantasmas, vampiros, bichos raros, historias de crímenes extraños y otras hierbas. Entro a http://www.escalofrio.com/ y tengo material nuevo para leer, fotos para ver y videos sobre criaturas del fondo del océano que se discuten en mi mente sobre si causarme miedo, asco, o las dos cosas juntas. Lindo día para erizar los pelitos de la nuca. Te invito a acompañarme, pero primero prapará unas chocolatadas y traé unos buenos churros. ¡Salud!


Tags: