Por Noticias Manzana Latente

Carta a Pedro Lemebel

septiembre 14, 2011  |  6 Comentarios

Mendoza, 13 de Septiembre de 2011

Querido Pedro:

Te escribo para contarte cómo repercutió en mí tu visita del sábado pasado en la Feria del Libro. En principio iba a hacer una nota de cobertura, pero no me gusta relatar que tal cosa pasó de tal hora a tal hora, o que a tal hora empezó algo porque así no sucede la vida. Uno no está pendiente de a qué hora hace cada cosa o desde qué hora a qué hora sucede algo. Uno está pendiente de cómo ocurren las cosas, no cuándo, o por lo menos no con tanto detalle, por lo menos así lo creo yo. ¿Vos qué pensás? ¿No creés que es horrible estar pendiente de horarios? Por lo que relatás en tus cuentos, has vivido tu vida de momento en momento sin fijarte en el tiempo, atento a tus amigas, a las que cariñosamente te referís como “las locas”, travestis protagonistas de tus relatos y de tus anécdotas. Así es como para desmerecerte te han definido como un escritor demasiado “anecdótico”, lo cual te causa gracia y a lo que respondés: “pero cuento las anécdotas muy bien”.

En tu Chile natal hay muchos fachitos que te odian y tantos otros del otro lado, de tu lado que me animo a considerar mío también, que te aman. Yo te admiro, realmente, por haber sobrevivido a esa espantosa dictadura de Pinochet escribiendo sobre este ambiente marica que tenía que esconderse de esas mentalidades genocidas. También te agradezco por haber testimoniado esas memorias de las locas y los maricones, que si no fuera por vos, la derecha chilena las hubiera borrado para siempre, a las memorias de ellas y de ellos, no solamente a sus cuerpos. Cuerpos libres, que cantaban y bailaban la felicidad de Allende, que tanto dolió perder. No me puedo imaginar tu pena al ver morir a tantas amigas, a tantos amigos, de la mano de la dictadura y de la mano de la plaga, la maldita plaga, el Sida. Sólo te he leído y ya se me formaba el nudo en la garganta al saberte tan preciso a la hora de transportarme a esas situaciones jocosas previas a la plaga y a la angustia del después.

No sabría decirte quién es mi escritor preferido, pero debo decirte que vos sos el único que me provocó emociones tan fuertes con tus letras, y creo que ese es el mayor halago que se le puede hacer a un artista. También me moviste el sábado pasado, cuando estuviste contándonos anécdotas graciosas sobre tu juventud de traficante de ropa o sobre la visita a un pueblito chileno junto a tu amiga “la África Sound”, para después ponerte serio, más que serio, melancólico, para contarnos sobre los desaparecidos y sobre tu alumno de artes plásticas, Ronald Wood, que fue asesinado en una manifestación simplemente por reclamar los derechos que todos tenemos pero que a los estudiantes chilenos no se les conceden aun. Poco falta para que se te corran las lágrimas cuando nos leés tu relato sobre el “bello lirio despeinado” (en tus palabras), o cuando leés tu homenaje a las víctimas del incendio de una discoteca alternativa de Valparaíso, en la que en 1993 murieron dieciséis personas (no sin antes establecer cierto paralelismo con lo ocurrido en República Cromañón el penúltimo día de 2004).

Escucharte y verte aquel sábado fue un lindo viaje entre tus recuerdos felices de cuando viajabas a Argentina para venderle ropa hindú a los hippies argentinos, que en tus palabras son más sofisticados que los hippies chilenos (“nunca una lana peruana”, expresás, haciendo estallar en risas al numeroso auditorio), y la melancolía de los días de la plaga y de la dictadura. En una de las paradas de ese simbólico viaje, me enteré de que antes de ser escritor, trabajaste en una radio feminista y que gracias a eso tenés cierta facilidad para la oralidad, lo cual se nota cuando –entre lectura y lectura- nos contás a la gran cantidad de presentes algunas historias breves que también has desarrollado en letras. También en esos intervalos te reís de que tus enemigos digan que tu discurso es poco profundo, cuando en realidad, a través de esas historias que en una lectura superficial podrían tomarse con liviandad, la fuerza y la profundidad de tus palabras son manifiestos, cada historia en sí lo es, y te dejan pensado con el nudo en la garganta, imaginándote postales amarillentas de épocas felices que los milicos o la plaga se llevaron, pero que vos plasmaste y seguís plasmando en tus libros.

El viaje es multisensorial, no solamente se escuchan tus palabras en el aire de la Sala Elina Alba, sino que también se ven paisajes de Chile y performances tuyas relacionadas a lo que estás leyendo. Me gusta tu planteo y me parece que no podría ser de otra forma. Sos artista visual además de escritor, fuiste profesor de artes plásticas y te echaron por mostrarte como sos, orgullosamente marica, artista transgresor de géneros, Yegua del Apocalipsis desde el año en que nací (1987) y activo defensor de los derechos humanos. No puedo hacer otra cosa que admirarte y leerte con fascinación, pedirte unas palabras entre tanta agitación de tu breve visita que seguramente no repetirás. Pues claro, estás acostumbrado a las grandes ciudades, viviendo en Santiago y viajando a Buenos Aires. La Secretaría de Cultura no te ofreció irte de carrete con las locas locales y las maricas autóctonas. En esas pocas palabras que intercambiamos ni siquiera pude invitarte a escapar de esa diplomacia que quería apropiarse de vos esa noche, ofreciéndote una mísera botella de vino y unos libros de vaya uno a saber quién.

Yo te pido que vuelvas, con tus letras y tus proyecciones, que nos cuentes más anécdotas sobre Chile, siempre con tu sello personal de comparación con Argentina, ya que pasamos por desgracias similares y tenemos tantos muertos por inmortalizar. Que nos hagas reír con tus carretes con la África Sound o quien sea en tus giras de difusión de tu material por pueblitos conservadores donde una marica reprimida te quiere llevar a leer y hablar. Quiero hablar con vos más que un par de palabras y que Mendoza te conozca un poco más, porque literatura que te mueve de raíz hay poca, y la tuya es necesaria en esta ciudad para moverle la careta hasta que se le caiga.

Para terminar, quiero agradecerte por haber venido y haber compartido fragmentos de tu vida más unos segundos de cholulaje detrás del escenario. Te envío un abrazo muy fuerte de conmovida admiración.

Gabi Fonseca

 

Perfil de Pedro Lemebel

Nació en Santiago de Chile el 21 de Noviembre de 1955. Estudió en un liceo industrial donde se enseñaba forja de metal y mueblería y, después, en la Universidad de Chile, donde se tituló de profesor de Artes Plásticas. En 1987 fundó, junto a Francisco Casas, el dúo de arte Yeguas del Apocalipsis, que trabajó  la performance, el travestismo, la fotografía, el video y la instalación. Entre 1987 y 1995, las Yeguas del Apocalipsis realizaron alrededor de ochocientos eventos públicos.

Algunos de sus títulos son:

Serenata cafiola (2008); Adiós, mariquita linda (2005); Zanjón de la Aguada (2003);  Tengo miedo torero (2001); La esquina es mi corazón (2000); Loco afán (2000);  De perlas y cicatrices (1998) y Los incontables (1986).

Para saber más de Pedro Lemebel visitá estos links:

http://www.elortiba.org/lemebel.html
http://lemebel.blogspot.com/
http://www.letras.s5.com/archivolemebel.htm
http://www.memoriachilena.cl/temas/index.asp?id_ut=pedrolemebel(1955-)

Por: Gabi Fonseca