Por Florencia Silva

Don Ernesto

abril 30, 2011  |  Sin Comentarios

Los sábados tienen gracia para algunos porque podemos despertar un poco más tarde. Mi primera acción del día es prender el televisor y encontrarme con que se fue, Don Ernesto. La verdad es que, teniendo en cuenta sus 99 años tan cargados de mil cosas que se podría armar un centenar de vidas a partir de ellos, no sorprende, pues la Biología puso sus reglas antes de que pudieramos opinar. No obstante, que se vaya molesta, pica, con ese rasguño breve y hondo que tiene la nostalgia.

Tuvimos una relación muy profunda Don Ernesto, aunque nunca se haya enterado. Juan Pablo Castell fue uno de los momentos de mayor exitación durante mi adolescencia, esos años tragicómicos, intempestivos, donde la primera persona del pintor doliente ponía palabras a mi existencialismo pueril y carente de concepto.

Años más tarde, la nave espacial que germinan los árboles me permitió viajar hacia los 70 y espiar desde el umbral de la puerta como charlaba con Borges, su magistral ímpetu para decir que sólo se hace arte desde la libertad y que por ello los sueños son útiles. Semillas cósmicas en mentes niñas que germinan las ganas de ser algo más que un equilibrio orgánico. Vaya gesta la suya, Don Ernesto!

Su obra es lisergia intelectual pura, y de esa si que no se vuelve.

Ilustración: Andrés Miguens


Tags: