Las diferentes vidas tienen geometrías específicas que van desde las más básicas hasta las más complejas. Desde arriba, con cierta agudeza puede observarse un castillo infiníto con jardines de pasto pasivo, muros monumentales, pasadizos secretos que son célebres en su conducción y ornamentos artísticos que definen el criterio.
La clave en el lugar de trascendencia que se ocupa en la megaestructura de la historia y de cada día se define en los algoritmos de la mente determinados por las vocaciones que son materia de otro mundo … y las influencias.
Este es el punto central: Qué influencias estamos recibiendo? Hay una radiación “ideológica” que carcome los diferentes estamentos del ser social. Desde lo básico y elemental que es vestir, salir, comunicarnos hasta la capa más vulnerable y profunda del ser que es el grosor de su espíritu. El resultado es un tormento: Somos una generación de gente triste.
Estamos ante una variedad de tristeza evolucionada que se asemeja a ciertos gases cuya mortalidad sólo se percibe cuando es irreversible. Esta tristeza es corporativa y su materia prima es el patrón de abundancia. El método de trabajo es contagiar el virus del “esperantismo”: Esperar que vuelva, que llame, que tal crema me saque las estrias, que llegue la próxima factura, el próximo verano, el próximo funeral. Y mientras tanto, hay proféticas ofertas en los centros comerciales para amalgamar la espera con el aglutinamiento compulsivo de objetos que nos hacen reír pero a la vez hacen que se nos caigan los dientes. Todo se contruye y se destruye tan rápidamente que no puedo dejar de sonreír, dijo el poeta.
La televisión programa horarios que cumplen a rajatabla sus diferentes propuestas de letargo, los días adquieren hábitos y vicios que los hacen iguales a los de todos los demás. Pero a veces sucede que llueve, justo estás en casa y es la hora de descansar, entonces en ese momento sonreís nostálgico y descubrís que sos un hombre triste.
La mente es un súper héroe que puede salvarte de una vejez inadvertida, producto de un farol que eligió no brillar. Si la vestís con harapos será mendiga, si le das las mejores ropas será una reina. Leamos más, demos un paso al costado, dejemos de chatear. Ser feliz es una elección desnuda, sólo necesita revelación y voluntad.
Por: Florencia Silva
Foto: Luis Guiñazú Fader
















Me gusta! Y mucho! Aunque necesito más indicaciones sobre cómo salir de ella.
Saludos de un perro triste
Te RECOMIENDO TOBY DEJAR LA INTERNET POR UN TIEMPO JAJAJA…. MUY LINDO FLOR