Es una legión robustecida de virtudes. Virtudes como ninfas de mil rostros que cambian de sustancia a merced del tiempo que corre y los rostros de los nativos cada vez más parecidos. A veces es cristal, otras tantas viscosidad oscura penetrando la soberanía con destellos de neón, en un raro trance de eternidad orgásmica, pero finita y fatal. A veces es hielo, otras veces savia, pero siempre sin importar el momento, sangre.
Es un día distinto, de esos propicios para procurar la conciencia de colectividad, honrar el gentilicio de la pertenencia. Sin embargo, persiste entre esos hombres pequeños el yugo de no poder definir el ser. El peligro en las fronteras son historias que los sabios de las tribus contaban en hogueras, los mismos que eran apedreados por moradores que no habían comprendido las reglas. Nada con existencia real parece poner en peligro el hogar, los forasteros son un mito. Al menos para los hombres pequeños. El asunto es la feria, el nido fastuoso abrigando la demencia de una vida con cada vez más necesidad de sentido.
Épocas difíciles. En los márgenes del altar popular hay una sombra que envuelve a nativos desnudos. Si quiero me toco el alma pues mi carne ya no es nada, canta el juglar. Se reconocen fácilmente, son bocas podridas en la nostalgia de panes ausentes.
Es la hora de la palabra monárquica. Hay un retraso: los espejos descalifican el atuendo, tal vez ese cuero de chico en-pacado siente mejor.
Asoma al balcón su dedo “progresista” orquestando la ópera de números maquiavélicos. 200? PBI? Algoritmos a fin de cuentas precarios de reflexión. Recalca narcisista la función de su sexo; habla por los próceres, el bronce que más se mira ese día, los idealistas detractores de colonias, heroicos amantes de libertades y garantías. Habla. Correcta dicción. Léxico profuso, algo de carisma tal vez. Habla, hilvana muchos vocablos. Pero es la más muda de todos los allí presentes.
Pronto se hace la noche y la luna no es igual a las demás. Se liberan humus, carne, ropa, diente, brasa, cabellos, lava, hombre, mujer, ceniza, furia, oligarca, proletario, liberal, conservador, temblor…ruina. Bastaron minutos.
El abrazo entre la Revolución venerada y la Revolución urgente.
Por: Florencia Silva
















mirando con atención a un dibujo de 1810…veo que había una manzanita entre los paraguas…para contar con el veneno que da pertenecer…en lo que nos hemos convertido doscientos años después…obviamente no esperes, para la página, publicidad oficial…y creeme que ése es el mejor comienzo de todo…