Desde el primer golpe en el parche del redoblante en el tema que abre el disco (Latigazo) se advierte un paso hacia delante bien pronunciado en la prolífica discografía de Pez.
El disco, grabado y mezclado por Álvaro Villagra y producido por los mismos Pez en el Estudio del Abasto en los albores de este año, deja entrever una vuelta de rosca en el sonido, que se siente como más pulido, más asequible si se quiere y en eso ganan las canciones porque hace que la escuchada sea más accesible en comparación a otros discos de Pez (Los Orfebres, El Porvenir).
Nos vamos a encontrar con uno de los pocos temas radiables de la carrera de los acuáticos (Vamos) y que tiene pasta y melodía de protohit sin dejar de pasearnos, en su estructura, por todo el repertorio de artilugios progresivos a los que ya nos tienen acostumbrado.
La primera mitad del disco es directa, pero sin tanta aspereza como en los anteriores discos y encontramos en Minimal a un excelente melodista que por fin soltó la lengua con Los Peces, cosa que solo hasta ahora había demostrado en su paralela carrera solista. Cassette y Volar, volar son una clara muestra de esto. En Estableciendo comunicación se ponen directos (“y si pudiera hacerte sentir lo que estoy sintiendo exactamente ahora yo verías el miedo y verías las ganas de establecer comunicación”…) en un midtempo atípico para la banda y que a su vez pinta un cuadro de època. Y a partir de este tema ya no decaerá más la furia y el incesante touch punk hasta cerrar el disco con la bellísima Suerte de plegaria en donde se lucen con el cruce y arreglo de voces y un estribillo que los hace más entrañables (…”y morir de amor debe ser mejor que quedar así, seco bajo el sol”…).
Pez entrega, en el principio de la década, su decimo segundo disco sin una pizca de maduración y quedando expuestos en hermosas melodías a crecer sin sentar cabeza. Y nosotros brindamos por ello.
















